Archivo mensual: agosto 2014

¿Dónde estamos?

Pasados unos meses, el esperado balance sobre las iniciativas desplegadas para promover el cambio político en Venezuela, sigue ausente de la discusión nacional. Es posible que se deba a que la misma inercia en el escenario político, de la que no escapan ninguno de sus actores, los esté paralizando. Sin embargo, es necesaria una reflexión sobre las circunstancias que definen el momento que vive el país.

¿Qué fue lo que pasó?

Lo que comenzó como un reclamo por el asedio de la delincuencia en las universidades, terminó en una espiral de protestas que avivaron a los sectores más radicales de la Oposición en una movilización de grupos que basa su estrategia en el bloqueo de determinadas zonas residenciales, para provocar una reacción social que a su vez logre una respuesta institucional de sectores dentro del Gobierno, y que ese escenario conduzca a una “salida“ a la actual situación.

Sin embargo, la protesta ni fue masiva, ni cumplió con el propósito que la originó. Pero sus consecuencias se han dejado sentir de una forma profunda e innegable. En medio de las protestas, surgió la posibilidad de darle cauce a los reclamos del sector opositor a través de un proceso de conversaciones con el Gobierno, denominado “diálogo“ que rápidamente se extinguió porque no hubo la disposición del ejecutivo de atender las exigencias de la Oposición en la definición de la agenda del encuentro.

A partir de ese momento, el desencuentro que se percibía como una posibilidad se hizo real en términos de diferencias que lucen, a pesar de los esfuerzos presentes, como insalvables. Se trata de diferencias de objetivos y estrategias que chocan entre sí al tratar de definirse la táctica política frente al Gobierno. Unas diferencias que se vienen arrastrando posiblemente desde las mismas Primarias de la Oposición y que los sucesivos eventos electorales neutralizaron, pero que la ausencia de un proceso electoral este año, volvió a encender. Ese es el balance.

¿Qué es la Oposición?

La Oposición reúne a veintinueve (29) partidos políticos que se oponen al modelo chavista, cuyo desarrollo ha sido condicionado por los diferentes eventos que han marcado la vida de la nación durante los últimos 15 años, desde su antecesora, la Coordinadora Democrática (CD), hasta la actual Mesa de la Unidad (MUD) . Su composición original ha variando a medida que sectores descontentos del propio oficialismo se han ido separando y progresivamente incorporando a esta coalición: Avanzada Progresista y Movimiento al Socialismo fueron actores políticos del chavismo, ahora contrarios al Gobierno.

Como toda coalición, en ella se expresan distintas voces que representan desde la socialdemocracia, pasando por el socialcristianismo y el centro hasta las más diversas corrientes de izquierda. Y como es de esperar, las diferencias ideológicas llegan a ser muy profundas porque su propósito de alianza obedece no a las afinidades doctrinarias, sino a la necesidad de crear condiciones suficientes para desplazar del poder al chavismo. Eso dejó un margen inevitable para contradicciones que se mantuvieron represadas, no muy discretamente, hasta principios de este año y que sin eventos electorales que los comprometieran, fueron expuestas.

¿Queda Oposición?

Luego del fracaso de La Salida y del intento de diálogo, la mira se centró en la MUD, las voces más críticas de la Oposición insistieron en la responsabilidad de su Secretario Ejecutivo en la crisis de la coalición y su renuncia terminó profundizando una debilidad que ya se mostraba a principios de año: muchas agendas internas con poca incidencia en la agenda nacional. Esa desconexión no hizo más que agudizarse en medio de jornadas incesantes de reclamos entre unos y otros simpatizantes de La Salida y la MUD (sobre todo en las redes sociales). Mientras, en los sectores C, D y E del país un 70% desconoce qué fue La Salida, un 48,5% valora positivamente el desempeño de la MUD, de acuerdo a las últimas encuestas (Delphos y Datanálisis) que circulan a nivel nacional.

Esas cifras no pueden dejar de verse con preocupación porque reflejan la poca afinidad que hay entre quienes representan al sector del país que no aprueba (o comulga) con el Gobierno y que por esa misma razón no logra empatía alguna con los que ha ido tomando distancia, bien sea por frustración o desencanto, pero mantienen cautela frente a quienes se supone encarnan una alternativa política. Las desavenencias de la Oposición son la razón fundamental de la desconfianza de aquellos que se han desprendido del chavismo y de quienes tradicionalmente se consideran no alineados.

El más reciente intento de recomposición de la Unidad, que ha anunciado una reestructuración organizacional, hasta ahora no ha sugerido una definición de propósitos concretos que pareciera ser lo que el país está esperando. Todavía es pronto para emitir un juicio pero la inercia del país y de su conducción política no exime a la Oposición, que necesita encontrar un argumento que la relacione con el resto del país. Esa es una tarea impostergable, porque cualquiera que aspire dirigir los destinos de la nación, necesariamente debe contar con la mayoría de sus ciudadanos, la mitad es insuficiente.

¿Y el Gobierno?

El Gobierno supo sacarle provecho a la división opositora, en un momento donde la crisis económica comenzaba a tomar forma, eso le permitió responsabilizar a la ola de protestas en las principales ciudades del país, de una supuesta ofensiva destinada a la desestabilización política, en el marco de una “guerra económica“. La crisis por desabastecimiento y escasez se mantuvo en un conveniente segundo plano, porque la jornada diaria se consumía en el relato de los enfrentamientos entre los cuerpos represivos y los jóvenes Estudiantes en protesta, a quienes el Gobierno sin pudor alguno culpaba de las dificultades para conseguir los productos de la cesta básica que escaseaban en los anaqueles.

Una puesta en escena que sin duda ha contribuido enormemente a desviar la atención del perfil ineficiente del Gobierno. Una vez que el diálogo (que nunca comenzó efectivamente) entró en crisis y las protestas fueron disminuyendo de intensidad, el país fue entrando en consciencia con la realidad: no hay suficientes divisas para satisfacer a todos los sectores, el Gobierno no asume su responsabilidad en ello y en este momento no existe una ruta clara de medidas de emergencia para corregir la crisis en las finanzas públicas.

El Gobierno sigue retrasando medidas esperadas como la devaluación, y otras de tipo fiscal, que contribuirían a generar unas condiciones mínimas para iniciar un programa de ajustes, pero seguramente creían que con el auxilio que representaba la extensión del convenio chino, sería suficiente. Ahora, según analistas extranjeros, el Gobierno tiene la urgencia de responder al pago del servicio de la deuda y de los bonos, por lo que ha recortado la asignación de divisas, causando un efecto tremendo en el acceso a alimentos básicos, medicinas e insumos de industrias que son indispensables en el desarrollo económico del país.

En ese escenario, el Gobierno sigue dilatando la implementación de un paquete de medidas correctivas que cada vez luce más urgente. La opinión de analistas extranjeros es que pretenden postergarlos hasta las Elecciones Parlamentarias. Un suicidio para la nación.

¿Qué nos espera?

Nos espera una profundización de la crisis, con o sin medidas, por lo que se hace necesario lograr un compromiso de los factores que adversan al Gobierno, de unir esfuerzos para enfrentar la situación de crisis terminal que con toda seguridad se nos avecina. Para eso es imprescindible comprender que aquí no está en juego una hipotética candidatura presidencial sino la posibilidad cierta de tener cómo enfrentar una debacle nacional. Eso no lo resuelve un candidato sino un liderazgo colectivo que se encuentre en sintonía con los reclamos cotidianos de quienes que no tienen interés alguno en épicas desfasadas que no le hablan al venezolano promedio.

Es hora de vestirse de pantalón largo, el país no está en condiciones de esperar que la clase política venezolana termine de aprender a leer al país.

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CAMBIO: un gran acuerdo de salvación nacional

A veces la necesidad de cambio parece más un clamor que un proceso arduo de definición de una perspectiva, ahí puede encontrarse su debilidad. El propósito del cambio es la superación de aquello que se percibe como una perturbación del bienestar. Las motivaciones para el cambio deben trascender el simple deseo para que sea posible su materialización. Eso representa un reto de dimensiones considerables para cualquier sociedad. En Venezuela ese momento llegó.

Lo que nos mueve

Cuando algo no funciona, la reacción más humana frente a ello es el deseo de cambio, como un legítimo derecho a la superación de la adversidad; el cambio es la promesa de transformar aquello que agobia, que oprime. Pero el cambio es por supuesto mucho más que un anhelo, es un motor de lucha en el sentido del esfuerzo para alcanzar un objetivo. Por esa razón, hablar de cambio en el ámbito político o social, es mucho más complejo.

En política, esa necesidad de cambio está asociada -aunque no exclusivamente- a la búsqueda de otras opciones. Generalmente se plantea la discusión política en torno a propuestas, en las que se persigue identificar una situación crítica (diagnóstico) para proponer un conjunto de prescripciones que permitan reducir la brecha con la situación ideal. Nada más eso, representa un enorme reto para cualquier sociedad.

El camino del cambio

¿Pero por qué no exclusivamente? Porque como seres racionales que somos, tenemos la posibilidad (¿o el deber?) de rectificar, sobre todo en circunstancias en las que el cambio implica riesgos o las divisiones de la sociedad lo hacen inviable. Es ahí donde ese cambio está antecedido por esfuerzos de acercamiento que permitan generar acciones concretas que incidan sobre la brecha (situación ideal – situación crítica).

En nuestra historia política, tenemos suficientes experiencias en cuanto a fracasos y rectificaciones. Sin embargo, rectificar no es suficiente para generar un cambio, es necesario demostrar disposición para superar las diferencias y hacer los esfuerzos por alcanzar acuerdos concretos. Porque solamente a través de acuerdos, que sean consecuencia de la identificación de aspiraciones comunes, es que la rectificación puede conducir al cambio.

 

Lo que conduce a un cambio

El cambio político puede nacer de la necesidad o de la frustración. Pero ninguna de esas condiciones por sí sola es suficiente para conseguirlo. Es imprescindible además de la voluntad, la claridad en los propósitos de ese cambio. Cuando se trata de superar una situación crítica, la alternativa debe expresarse de forma transparente y además encarnar una oferta creíble, para que pueda generar confianza.

En este sentido, resulta razonable pensar que mientras no exista una propuesta que represente de forma honesta la posibilidad de transformación del presente, es más probable que persista el respaldo popular al modelo vigente (causante o asociado a la situación crítica): mientras el 67,8% percibe como negativa la situación del país [de acuerdo al Perfil de Junio de Consultores 21], el 62,7% considera como responsable de los problemas del país al Presidente Maduro, pero solo el 36,1% considera su gestión como “muy mala“. Esto debe ser objeto de interés por parte de todos aquellos que creen que promover el cambio basta solo como anhelo para lograr respaldo.

¿Cuándo vamos a salir de esto?

A la pregunta de ¿cuándo vamos a salir de esto?, muy posiblemente será cuando dejemos de verla como una condición transitoria, una mera coyuntura, ignorando las circunstancias estructurales en las que se encuentra el país, 73% considera que la inseguridad es el principal problema del país, el 64% cree que es la escasez y el desabastecimiento, el 23% señala el desempleo y el 16,5% refiere el alto costo de la vida. [según la última encuesta de Delphos]. El deterioro de Venezuela en los últimos quince años se está expresando en una profunda crisis política, económica y social que requiere de respuestas inmediatas, que pasan por un gran acuerdo nacional.

Hablar de la Unidad de la Oposición ya no es suficiente, es necesario hablar de la Unidad del país frente a la crisis, en ello radica el verdadero cambio. No podemos plantearnos la superación de una crisis estructural como la que vive Venezuela sin tomar en cuenta a todos los sectores políticos, económicos y sociales. No se trata de convencer a quienes están convencidos de la crisis y su origen, es impostergable encontrar espacios en común con aquellos que se resisten a reconocer la realidad. Una pista puede encontrarse en lo que señala Eugenio Martínez en su Blog: “El consenso entre no chavistas e independientes aparece cuando se habla de “construir una mayoría electoral”. Esta opción recibe el aval de 71,6% de los chavistas moderados, 74,6% de los extremos y 67,7% de los independientes“, pero para construir esa mayoría electoral, no es suficiente solo con un sector del país.

Un nuevo desafío

Hallar lo que nos une nunca había sido un imperativo como en este momento. Es posible que, y sobre todo en los últimos tres lustros, el esfuerzo desplegado para marcar nuestras diferencias haya sido superior a la búsqueda de los intereses que nos unen. Lo estamos viviendo con incredulidad, aquello que a veces luce como inercia o indiferencia. Pero en realidad de lo que se trata es de evasión, temor de reconocer que ya no nos reconocemos como la sociedad que solíamos ser.

Nuestra realidad política cambió a tal punto que no es exagerado decir que será imposible que vuelva a ser lo que fue, sino que además es muy probable que tampoco sea nada parecido a lo que aspiran en este momento todos los sectores de la sociedad, que también han cambiado. Los actores políticos han cambiado (unos por las circunstancias y otros porque son nuevos en la escena), así como el modelo de ejercicio del poder, no solo por causa de la novedosa institucionalidad, sino por su misma praxis política.

El momento de la organización

Luego de quince años en el poder, todos los errores cometidos, las políticas desacertadas y la ilusión revolucionaria se combinan en lo que se revela como una crisis estructural, que afecta a todos los sectores y que no distingue filiación política; la inseguridad personal, la escasez de artículos de primera necesidad y las fallas en los servicios públicos, no son exclusividad de un sector en razón de sus preferencias políticas. Se trata de lo poco que efectivamente se encuentra democratizado en el país.

Esta nueva realidad política se manifiesta en un escenario complejo, agotado por los años de confrontación entre el poder y sus adversarios, en el que adquiere relevancia la capacidad de organización de los partidos políticos, en una tarea impostergable porque de ella depende que ocurra un verdadero cambio. Los partidos políticos, por su naturaleza, a diferencia de los grupos de presión, pueden lograr articular y agregar intereses de sectores diversos, sin que por ello se comprometan sus intereses particulares.

Es el momento de encontrar las coincidencias que puedan unir al país en una estrategia común, no es suficiente un sector frente a otro, es necesario que quienes padecen las consecuencias de la crisis económica y social, se esfuercen por superar la crisis política mediante un compromiso de salvación nacional.

 

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El aumento de la gasolina

Gustavo Méndez

Luis Fuenmayor Toro

Durante estos 15 años, a través de los medios de comunicación y la acción sostenida de toda la administración pública, se ha adoctrinado a la población intensa y sostenidamente, para que llegue a creer que Chávez es un dios por encima de Bolívar y que su obra ha impactado a todo el globo terráqueo. Al mismo tiempo, se lo presenta como quien desde las alturas sigue, conduce y protege al gobierno de Nicolás Maduro, por lo que las hechuras de éste son parte del legado recibido del “comandante eterno”. Sus obras son una continuación de la obra del “faro que iluminaba el destino de la humanidad”, por lo que quien las adverse desde la “revolución” es simple y llanamente un traidor deleznable. Quienes han sido gobierno en estos 15 años, en 1989 adversaron el primer intento de ajuste de los precios de los combustibles y justificaron los…

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