Archivo mensual: septiembre 2015

La condena del chavismo proto-totalitario

El totalitarismo en el poder utiliza al Estado como su fachada exterior, para representar al país en el mundo no totalitario.”

Hannah Arendt

El Gobierno decidió a favor del caos, porque nadie confía en la imparcialidad de la administración de justicia en un país donde el Poder Judicial está lleno de militantes del chavismo, comenzando por sus jueces. En modo alguno era posible esperar una sentencia absolutoria en el caso contra Leopoldo López, solo se trataba de abonar a la apreciación cada vez más indiscutible sobre la naturaleza proto-totalitaria del chavismo. El uso de la justicia como instrumento de castigo es parte de un modelo de dominación que crea su propia institucionalidad, lo que le permite hacer de acciones que podrían considerarse como infracciones en una democracia, indispensables para lograr la opresión política, donde como argumentaba Hannah Arendt[1], se hace incomprensible un sistema moral completamente antagónico al de la sociedad que está siendo desplazada, una que se creía democrática.

El gobierno de Maduro no podía arriesgarse a aplicar un código de justicia distinto al de los Comisarios de la Policía Metropolitana o de la Juez María Afiuni, todos presos de Chávez, para Maduro era necesario aplicar una medida ejemplarizante aun cuando con ello profundizara en el descontento de los sectores contrarios a su gestión, porque justamente su propósito ha sido generar miedo y que éste sea capaz de inhibir el voto al aproximarse las elecciones parlamentarias. Pretender que Maduro o el régimen se sientan amenazados por el liderazgo político opositor es tan ingenuo como creer que sus funcionarios necesitan que les paguen por sus servicios, previa “negociación”. El régimen chavista y sus instituciones funciona sobre la base de la lealtad y la obediencia, las sentencias condenatorias de los Comisarios, de la Juez o de López no fueron una transacción, eso es desconocer la naturaleza perversa del chavismo o como la propia Arendt lo caracterizó en Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal: la condición de ciudadano fiel cumplidor de la ley, claro está, de la ley chavista de aniquilamiento moral de la disidencia.

A diferencia de otras opiniones, resulta difícil creer que la Juez que condenó a López, Holdack, González y Martín lo hizo bajo coacción o por una maleta de dinero, recordemos cuando Arendt se refiere a Eichmann quien creyó estar cumpliendo con su deber, obedeciendo órdenes y leyes, pero este cumplimiento ciego no se limita a leyes escritas sino, sobre todo, a aquellas que le permitan al régimen alcanzar sus propósitos y a eso se comprometen aquellos funcionarios a su servicio, como la Juez en cuestión, y como dijo Eichmann, en el Tercer Reich las palabras del Führer eran ley, así como Chávez condenó a la Juez Afiuni, la sentencia de López la dictó Maduro públicamente cuando lo acusó y su verdugo se limitó a ejecutar la decisión.

Y si no fuese suficiente argumento, también está la naturaleza servil de un máximo tribunal de justicia que validará cuanta decisión institucional sea necesaria para demostrar el dominio político absoluto del régimen sobre sus ciudadanos. Todo funciona con precisión sin importar que quede expuesta la sumisión de los otros poderes públicos al Ejecutivo, porque eso también es su propósito. En el chavismo no hay secuestro de poderes, hay control con fines de dominación; no hay torpeza en la formulación de una legislación que contradice a la Constitución, eso tiene el propósito de facilitar la discrecionalidad.

En regímenes como el chavista nada es producto de la improvisación cuando se trata de decisiones políticas, para el Gobierno fue más conveniente una condena porque se espera que ésta promueva reacciones bien sea de movilización violenta o abstención electoral. Dependiendo de las reacciones será la definición de otras acciones, el Gobierno seguirá cerrando fronteras y generando más escenarios de conflictividad que le permitan llegar a las elecciones del 6D (si las hay) cargando a cuestas los efectos de la escasez, el desabastecimiento y la delincuencia desbordada.

Esperar que el chavismo actúe de acuerdo a la Constitución y la Leyes merece una seria reflexión porque son más de 16 años de desprecio por lo normativo, quizás el único espacio donde el régimen se ve obligado a guardar un mínimo de apego institucional-legal es el electoral (con todas las reservas que podamos tener por el ventajismo), que es la única apuesta de la que disponemos de momento para obligarlo a retomar el orden constitucional. Esto en modo alguno significa que con una Asamblea Nacional de mayoría opositora los problemas del país desaparecerán de inmediato, pero lo que sí es cierto es que obligarían a ambas partes, Gobierno y Oposición, a actuar de acuerdo a las reglas de juego de la democracia, un reto sobre todo para el Gobierno que por primera vez se encontraría en una situación de minoría parlamentaria, obligándolo a negociar para tomar decisiones.

[1] “… allí donde estos sistemas se tornaron verdaderamente totalitarios comenzaron a operar según un sistema de valores tan radicalmente diferente de todos los demás que ninguna de nuestras categorías tradicionales legales, morales o utilitarias conforme al sentido común pueden ya ayudarnos a entendernos con ellos, o a juzgar o predecir el curso de sus acciones.” (Arendt, 1998, Los orígenes del totalitarismo, p. 369).

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